Genealogía de Nueva Alianza (Parte 1: Génesis)

La historia es la disciplina que estudia y expone, de acuerdo con determinados principios y métodos, los acontecimientos y hechos que pertenecen al tiempo pasado. Es la narrativa y exposición selectiva de lo que constituye el desarrollo del ser humano y de sus sociedades. Sin embargo, al ser una exposición selectiva que debe adoptar puntos de vista y juzgar la relevancia de cada suceso, la historia también es más que una narrativa: es un instrumento extraordinario de poder. Es lógico, por lo tanto, que la primer advertencia a cualquiera que se involucra en el estudio de esta ciencia social, sea que “la historia la escriben los que ganan”; y esto es muy cierto. En la construcción de nuestra realidad social, lo que importa no son tanto los hechos, sino el poder con el que uno cuenta para imponer su propia narrativa. Para imponer una “verdad histórica” particular.

Sin embargo, como Michael Foucault lo señaló a finales del siglo XX, en contraposición a la historia oficial también se van construyendo y desarrollando genealogías: historias alternativas y subversivas que no forman parte de ninguna verdad oficial. Son narrativas y versiones de los hechos que por azares del destino no cuentan con el respaldo, ni con la fuerza, para ser reconocidas como una verdad en el sentido formal.

Esta es la genealogía de Nueva Alianza. No es la narrativa que encontrarán en la literatura oficial del partido; ni tampoco la encontrarán en su acta constitutiva o en sus documentos internos. Vale la pena también advertir que no es una historia que vaya a ser reconocida por Nueva Alianza o sus dirigentes. Sin embargo, yo tuve la fortuna de estar cerca del partido desde su concepción; y creo contar con las experiencias personales necesarias para presentar esta versión alternativa de lo que de verdad aconteció.

Sin embargo, para entender el surgimiento de Nueva Alianza, no podemos empezar esta genealogía desde la constitución oficial del partido en el 2005. Debemos empezar varias décadas antes: en el esplendor del “Estado Benefactor” de tipo corporativista que dominó buena parte de siglo XX mexicano.

Como casi todos sabemos, durante muchos años la política nacional se articuló bajo la tutela de un partido hegemónico que estaba estructurado en tres sectores: el sector campesino, el sector obrero y el sector popular. Renombrados intelectuales han identificado dos objetivos de este tipo de organización. El primero es que ésta organización jerárquica facilitaba, en un mayor o menor grado, el control del Estado sobre las corporaciones y sus miembros individuales. El segundo objetivo, y que resulta más relevante en esta genealogía, es que el corporativismo también era un mecanismo de “representación política”. En otras palabras, era un medio para dar cabida a los múltiples intereses que existían en la sociedad y neutralizar así los elementos conflictivos que pudieran surgir entre los actores preponderantes del sistema.

Como lo señala Lorenzo Meyer, el corporativismo no era algo nuevo: había llegado con la conquista y con el sistema feudal importado de España en el siglo XVI. La Constitución de 1857, al igual que la Constitución de 1917, habían ya en dogma enterrado el corporativismo en beneficio del individualismo democrático. Sin embargo, la subsistente tradición autoritaria se impuso sobre el texto constitucional; y el nuevo “corporativismo revolucionario” que surgió de la mano del partido hegemónico tras la revolución, dio como resultado un “sistema autoritario pero con vocación incluyente, que resultó ser de una extraordinaria ductilidad”. La legitimidad política del partido, siendo éste hegemónico, evidentemente no se habría de obtener por la vía de la competencia electoral, sino por la vía de la eficiencia y estabilidad gubernamental en “el manejo de las relaciones y contradicciones corporativas”.

No obstante, esta situación que beneficiaba a los organizados corporativamente sobre la gran mayoría de mexicanos (no organizados), no podía durar para siempre. En un artículo titulado, “El Corporativismo Mexicano en los Tiempos del Neoliberalismo”, cuyo año de publicación coincide con la llegada de Elba Esther Gordillo a la dirigencia nacional del SNTE en 1989, Lorenzo Meyer pronosticaba la entrada en crisis de este sistema.

De acuerdo a Meyer, el colapso en los precios del petróleo en 1982 acentuaron un problema estructural que ya se había mostrado desde 1976: el déficit crónico en la balanza comercial de México con el exterior. En el esfuerzo por mantener el sistema de desarrollo intacto, el endeudamiento creció de siete mil millones de dólares a finales de los sesenta, a ciento cinco mil millones de dólares en 1988. Se trataba de un absurdo incremento en deuda de 1,400% en tan solo tres sexenios: el de Luis Echeverría, quien declaró que “la política económica se dirigiría desde los pinos”; el de José López Portillo, que “modernizó” el país en base a costosos (pero improductivos) “elefantes blancos”, y el de Miguel de la Madrid, quien heredó la crisis económica generada por el despilfarro y la caída del petróleo.

Más allá de la “renovación moral” a la que Miguel de la Madrid estaba convocando en 1982, lo que quedaba claro es que la nueva situación económica impedía mantener el “Estado de Bienestar” corporativista que había perdurado tantos años. Por lo tanto, Miguel de la Madrid en primera instancia, y Carlos Salinas de Gortari posteriormente, comenzaron a buscar una solución; y el subterfugio al que se llegó fue el “desmantelamiento del antiguo modelo de crecimiento basado en la protección del productor y el trabajo organizado, para dar paso a otra, cuya dinámica principal [vendría] de la capacidad exportadora de la economía mexicana [manufacturera].”  

El impacto de dicha política, cuya corona es el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), se dejó sentir de inmediato sobre toda la sociedad mexicana; y como era de esperarse “fue menos el capital y más el trabajo” el que soportó y sufrió lo efectos violentos de la liberalización. Cabe reconocer también que el costo ha sido mayor para la clase trabajadora no incorporada a los sindicatos, sin embargo no debemos tampoco minimizar el costo que los trabajadores organizados han tenido que pagar como consecuencia de estas políticas. Muchos de ustedes las conocen en carne propia.

Este cambio en doctrina económica en el que el “Estado Benefactor” pasaba a ser un “Estado Regulador”, también implicaba un cambio en la “articulación electoral” del sistema. Por un lado, y para la decepción de muchos, la apertura implicaba una mayor pluralidad política y elecciones (por lo menos en apariencia) mucho más limpias. Por el otro lado, la experiencia de las democracias avanzadas atestiguaba que en México las elecciones dependería cada vez menos de la movilización de los sectores corporativizados, y cada vez más de estrategias de mercadotecnia y comunicación que pudieran apelar al grueso de la sociedad.

Fue en esas circunstancias, que la líder del SNTE (organización del sector popular del partido hegemónico) proyectó e imaginó un nuevo destino para su sindicato. ¿Cómo iba a mantener un diálogo el SNTE con el poder presidencial cuando el corporativismo era cada día menos relevante? ¿Cómo se podía asegurar la representación de los maestros en un arena política de pluralidad? La decisión se adelantó a los tiempos políticos: desprender al SNTE, con sus más de un millón de agremiados, del partido hegemónico y del estado corporativista, y darle un régimen normativo de pluralidad. Quizá esté de más decirlo, pero a pesar que ella en lo individual continuó trabajando y militando en el PRI, la decisión de darle autonomía al SNTE generó profundos resentimientos en el partido hegemónico; y muchos de estos resentimiento sin duda perduran y tienen consecuencias en la actualidad.

La palabra “autonomía” se volvió, desde esa época, sagrada en mi familia y en el Sindicato. Fue una palabra que emocionó corazones y que inevitablemente conmovía a quien entendiera la magnitud de su significado. Claro que significa “autonomía de gestión”, y “autonomía en el uso de sus recursos”, y “autonomía apartidista”, pero sobre todo significaba autonomía del poder presidencial: el eje de la política nacional y pináculo de la pirámide corporativista.

A partir de ese momento, y sustentado sobre esa poderosa palabra, el Sindicato perdió todo vínculo partidista; y sus miembros se encontraron a si mismos con la libertad de elegir el partido en el cual militar. Esta es la razón por la que hoy vemos a grandes líderes provenientes del SNTE en todos los partidos políticos del país; y si bien el crecimiento de ellos no dependió formalmente del SNTE como organización, no cabe la menor duda que el liderazgo de Elba Esther Gordillo, y la unidad de los maestros estimuló el crecimiento político de muchos de ellos.

A partir de la alternancia en el año 2000 la crisis del corporativismo se acentuó. Era la primera vez que el partido hegemónico tradicional (PRI) dejaba de ser gobierno; y esto se traducía en que las estructuras corporativas adheridas al PRI quedarían de facto desvinculadas del Estado Mexicano. El SNTE, sin embargo, al haberse adelantado a esta crisis, logró en una mayor o menor medida conservar parte de su interlocución con el poder presidencial. A su vez, hubo también un reconocimiento social: múltiples líderes de opinión en ese momento concluyeron que el SNTE había sido un actor clave que había brindado estabilidad al complejo proceso de alternancia.

Sin embargo, la pluralidad política del SNTE, que cada vez era más axiomática en la diversidad partidista de sus miembros, no se quedó meramente en buscar una interlocución con otros partidos alternativos al PRI. El primero de Julio de 2001, en el diario Noroeste de Mazatlán se leyó lo siguiente: “En respuesta a los nuevos tiempos políticos, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, ante la demanda de sus miembros de una auténtica pluralidad política, decidió crear la Asociación Política Nacional SNTE […]en la que están participando más de 14,658 maestros.” Ese mismo espíritu entre los maestros hizo posible que a finales del año 2002 el Instituto Federal Electoral reconociera a “la Asociación Ciudadana del Magisterio” como una agrupación política nacional.

Me parece que habían tres objetivos que esta agrupación política nacional, como posteriormente el partido, quería cumplir. En primera instancia se trataba de un instrumento (autónomo al aún corporativizado PRI) para la coordinación política de los maestros. Los maestros desde siempre han valorado la fuerza de su unidad, y esta agrupación era un herramienta para lograr y coordinar dicha unidad.

En un segundo nivel, la Asociación Ciudadana del Magisterio, como su nombre lo intuye, buscaba acercar al gremio y a la ciudadanía. Debido a la crisis del corporativismo tradicional (por las razones ya mencionadas), era también previsible para muchos agremiados que una guerra se aproximaba: una guerra mediática y económica que implicaba el lento (pero inescapable) estrangulamiento presupuestal de los servicios públicos. En esta guerra, la Asociación Ciudadana del Magisterio buscaría concientizar al ciudadano de la importancia de una educación pública, laica, y gratuita. Evidenciaría las carencias materiales y la desintegración social que en amplias regiones del país mermaban el quehacer docente.

El tercer objetivo era por lo tanto una consecuencia lógica del segundo: se presionaría y lucharía por recursos urgentemente requeridos en el sector educativo ante un panorama de desatención y descalificación generalizada de todo lo público.

Fue en los albores de esta guerra económica y mediática, que en la “opinión publicada” Elba Esther Gordillo dejó de ser vista como la mujer reformista y conciliadora que había ayudado en la alternancia democrática. Fue entonces, cuando en la “opinión publicada”, Elba Esther Gordillo, la Maestra, empezó a ser caricaturizada bajo todos los estigmas habidos y por haber. Se volvió la villana favorita de una prefabricada opinión pública: alguien que representaba a toda una clase de agremiadas y agremiados “privilegiados” cuya desaparición, bajos los nuevos supuestos económicos, era inexorable.

El trece de julio de 2005, tras ser removida de la coordinación de su grupo parlamentario en el Congreso, y tras ser impedida (como Secretaria General) de suplir a Roberto Madrazo en la Presidencia del PRI, Elba Esther Gordillo fue expulsada de dicho partido . En relación a su expulsión, CNN en Español reportó que las reformas presentadas por el presidente Fox, a las que se opusieron “la  mayoría de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados, [pusieron] en evidencia cómo Gordillo apoyaba las propuestas del panista e incluso intentaba negociar a favor de ellas entre los legisladores priistas.” Resulta sorprendente que quienes hoy se llaman a si mismos reformadores, en ese momento lograron exitosamente frenar las reformas de Fox. Reformas que son similares en espíritu a las que hoy defiende la actual administración.

Sin embargo, habiendo previsto su posible expulsión debido a todo lo ya antes mencionado, la líder del Sindicato (con la invaluable ayuda de miles de maestras y maestros) venía ya trabajando en hacer de la Asociación Nacional del Magisterio un nuevo partido político. Así, al finalmente verse defenestrada por anteponer la autonomía de su gremio y las reformas por encima de los intereses obstaculizadores del PRI, Elba Esther pudo tomar una decisión que ya era impostergable. El primero de agosto del año 2005 Nueva Alianza vio la luz del día, y ese mismo día los maestros (y los ciudadanos que se aliaron a ellos) ganaron el mejor medio de interlocución con el que se podía contar en una incipiente pluralidad democrática: un partido político nacional.

 

Anuncios

4 comentarios en “Genealogía de Nueva Alianza (Parte 1: Génesis)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s